“You know, I’m not a fighter, I’m not a soldier, I’m just a journalist”

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lizziexstevens:
TITANIUM, PART IIIPaige Douglas veía a Elisabeth remover con un palo la madera que ardía en llamas para mantener el fuego vivo, echando de vez en cuando más leña. Ser reportara le había dado ciertas habilidades, podía saber cuando la gente mentía leyéndolo en sus ojos, o cuando escondían algo fuese por la razón que fuese.Agradecía que se hubiesen detenido para entrar en calor, aunque a medida que se acercaba el amanecer, el frío se hacía más soportable. Siempre había odiado Alaska.–¿Estás pensando en por qué te capturaron? -preguntó la reportera, encogiendo sus piernas para apoyar las rodillas contra su abdomen y así estar sentada como un ovillo. Lizzie le devolvió un momento la mirada y acabó negando con la cabeza.–Estoy pensando en mi familia. En mi hija, concretamente -le echó una mirada de refilón mientras echaba las manos hacia atrás para apoyarlas en la hierba que sobresalía por la escasa nieve. No era de las que hablaban con desconocidos de sus asuntos personales, pero tampoco sabía si calificar a Paige como una desconocida después de haber escapado con su ayuda, directa o indirectamente, de la base del sector cuatro –Tiene 35 meses. La próxima semana es su cumpleaños.–Entonces tendremos que darnos prisa para llegar a tiempo a.. ¿Dónde has dicho que vives?–No voy a ir a Senoia -negó, frunciendo los labios –Mi cuñada se la llevó hace dos semanas a Nueva Orleans. Cuando me capturaron iba de camino a buscarla. –¿Y dónde está su pa…? -en seguida Paige tragó saliva y negó, diciéndole así que no iba a acabar esa pregunta, no era asunto suyo y siempre le pasaba lo mismo; tocaba temas que no debía tocar.–Mi marido murió, hace ya ocho meses casi. Estamos ella y yo.–¿No tienes más familia?–Dos hermanos. Uno más mayor que yo y uno más pequeño. Les conocerás cuando lleguemos a Georgia. Son dos polos opuestos. Josh, que es el mayor, es responsable y se hace respetar. Jones en cambio es todo lo contrario, irresponsable, gañán, y creo que las drogas han acabado de trastornarle -tuvo que sonreír al recordar a su hermano, ladeando después la cabeza para espantar ideas o recuerdos que pudiesen desconcentrarla –Pero es valiente como nadie de todas formas. A su manera.–¿Los dos se dedican a lo mismo que tu, Walker ranger? -Paige sonrió.–Más o menos -Lizzie enarcó las cejas. Le había dicho a la reportera que era bióloga, y estaba muy lejos de dedicarse a eso en la actualidad. No era cuestión, no obstante, de decirle que se dedicaba a la cacería de lo sobrenatural, bastante asustada estaba ya. –Bueno -se puso en pie espolsándose los pantalones –Será mejor que sigamos camino, ya nos hemos retrasado bastante.Elisabeth no podría decir que en unas horas Paige había desarrollado milagrosamente su sentido de la prisa, pero si notaba que no se quedaba tan rezagada como al principio, le seguía bastante bien el paso. Tras dos horas más de caminata, y aún entre árboles, ascendiendo por una cuesta irregular, Lizzie Stevens se detuvo para mirar a su alrededor. La fauna en ese sitio no era habitual, las altas temperaturas hacían que pocos animales pudiesen sobrevivir en ese ambiente, pero había escuchado algo. No muy lejos. Algo o alguien se acercaba entre los matorrales tintados de blanco.–Date prisa -apresuró a la reportera estirando el brazo para agarrar el suyo y ayudarla a subir. Una vez arriba se olvidó de ella e inspeccionó los alrededores. Puso el oído, y dejó de respirar incluso para concentrarse solamente en los sonidos ajenos a ella.–¿Quieres sacarle una foto al paisaje? -preguntó Paige, pasándose una mano por el pelo y después guardando las dos en los bolsillos de su abrigo.–Calla -exigió en un susurro, extendiendo el brazo hacia ella para darle un leve empujón –Sigue. Rápido, no corras pero tampoco te detengas.–¿Qué pasa? ¿Nos han encontrado? -obedeciendo la rubia emprendió el caminar nuevamente pero viéndose obligada a mirar hacia atrás gracias a su paranoia. Sacó torpemente su pistola, por si las dudas.Era imposible que les hubiesen alcanzado en circunstancias normales. Les llevaban cuatro horas de ventaja por lo menos, aunque aquél descanso quizá les había hecho perder un par. Si alguien estaba siguiéndole los pies, quizá no fuese tan humano como Paige imaginaría, o como ella desearía.Llegaron a un claro blanco, puro, pero apenas un par de halos de luz que emitía el sol de aquél amanecer se reflejaban en el espejo de los charcos de nieve. Fue entonces cuando algo veloz, sigiloso y prácticamente invisible pasó cerca de Elisabeth dejando su huella en ella. El corte fue profundo y horizontal, rompiendo su camiseta pues ella no llevaba abrigo al habérselo ofrecido a la reportera. Llevándose una mano allí, por la impresión o por el dolor, no estaba segura, se dejó caer de rodillas y se ahorró el quejido.Pero Paige vio aquello, y alarmada corrió hacia ella.–Lizzie -llamó, dejando las manos en sus hombros –¿Estás…? -vio la sangre y abrió grande los ojos –Oh dios mio. Vale, tranquila. Tranquila Paige -miró a su alrededor, no veía a nadie –Como te has..?La cazadora fulminó con la mirada a la reportera. No era momento de preguntas, que alzara su arma y apuntara a todo lo que se moviese, maldita sea.–Look around Paige, damn it -esa desenfundó su arma y aún de rodillas, sosteniendo la pistola con una sola mano apuntó a su alrededor. ¿Qué sería? ¿Supervelocidad? Invisibilidad? –¿Que mire qué!? -exclamó nerviosa Paige, apuntando como ella hacía. Pero no sabía a qué diablos apuntaba, hasta dónde le habían enseñado los árboles eran inofensivos. Algo había herido a Elisabeth, eso estaba claro.Ciertas ramas se movieron, y sin saber porqué, Paige apretó el gatillo, teniendo que retroceder un paso por el envión de la bala al salir, nunca había disparado una de esas. Aunque siempre había tenido una en casa. Recuperándose aún de la impresión arrugó la frente, le había dado a algo.. Alguien, ese alguien que se llevaba la mano al cuello y desangrándose caía al suelo sin fuerzas. Un hombre, joven mejor dicho, de unos veinte y tantos parecía, aunque la sangre la estaba poniendo nerviosa.–Oh jesus christ -soltó atormentada –I killed someone.Lizzie todavía tenía el ceño fruncido. ¿Era una broma? ¿Le había acertado a un sujeto con supervelocidad a la primera? La suerte del principiante debía ser, de otra forma no se lo podría explicar. Hizo una mueca de dolor y le indicó a Paige que se acercara con el brazo.–Rezas dos padres nuestros y todo solucionado.. Ayúdame. –¿De dónde coño ha salido? -bajó el arma y temblorosa ayudó a la cazadora, pasándose su brazo por los hombros para ayudarla a caminar –Hace un momento no estaba ahí.–Ah, pequeña saltamontes -Lizzie sonrió aunque sin muchas ganas –Cuanto te queda por aprender.–He estudiado en Harvard, creo que sé sufic—–Cariño, no voy a decirte por dónde me paso yo a la gente que ha estudiado en Harvard.. Hay que darse prisa, si han enviado a un paciente X significa que saben que estamos en los bosques, estamos cerca de la ciudad.–¿Aguantarás? -inquirió respecto a su herida, no se veía demasiado bien.Lizzie contestó con una simple mirada y puso la directa, aligerando el paso. Si seguían caminando con tanta parsimonia no llegarían a Moose Creek ni para el próximo invierno. Abrió los ojos y sintió mareo al ver que las imágenes se movían, bastante deprisa a decir verdad. El pasaisaje que veía a través de la ventana del coche era nevado. Sintiéndose cansada y adolorida Lizzie apoyó las manos en el apoyabrazos de la puerta para incorporarse y sentarse mejor en el asiento, aún adormilada giró la cabeza encontrándose con que Paige Douglas estaba al volante.–Paige -susurró, pasándose la mano por la cara y después bajando la mirada a su vientre, llevaba la camiseta rota todavía pero distinguía una gasa cuidando la hemorragia –¿Qué ha pasado? ¿Dónde estamos?Al escucharla Douglas apartó solo un segundo la mirada de la carretera y se encogió de hombros. –A unos 50km de Fort Greely -explicó –Perdiste el conocimiento en el bosque, tuve que cargar contigo hasta llegar a Moose Creek.Un momento, se dijo Lizzie. Fort Greely estaba a casi doscientos kilómetros de Moose. –¿Y de dónde has sacado el coche?–Lo he tomado prestado -contestó aprisa, tragando saliva –Ya lo sé, ya lo sé, robar no está bien. Pero no podía decirse que lo he robado, el tío ha entrado en el supermercado del pueblo a comprar y se ha dejado las llaves puestas, no puedo ignorar las señales de Dios.Elisabeth esbozó una sonrisa e incluso rió por lo bajo, pasándose otra vez la mano por la frente. Le dolía la cabeza, y aunque el coche tenía la calefacción funcionando aún sentía algo de frío.–Me sorprendes, lo admito. ¿Y de dónde has sacado las..? -se señaló el vientre.–El sujeto del coche tenía un botiquín en el maletero. Si se infecta no me hago cargo, nunca he cosido a nadie, así que he hecho lo que he podido ¿Como te encuentras?–Bien -enarcó las cejas. De estar consciente cuando perdía el conocimiento se hubiese imaginado una muerte lenta y dolorosa, pero debía admitir que la reportera se las había ingeniado bastante bien sola –Detengámonos en Fort Greely, tengo que hacer una llamada. ¿Ha habido algún indicio de que nos estén siguiendo?Paige negó, bostezando. –Había un par de soldados sospechosos en Moose Creek, pero les di esquinazo. Creo que nos hemos librado de ellos por fin. Tu no te preocupes, descansa, yo conduzco.La cafetería estaba a revosar, Fort Greely era un pueblo pequeño, más bien una aldea. Según el censo no vivían allí más de quinientos habitantes, lo que las hacía forasteras inescrutables. Todo el mundo se conocía allí, y todos reconocerían dos caras extrañas de un solo vistazo.Elisabeth se aseguró de que Paige estaba bien pensando qué pedir para comer, y marcó el número de su hermano en la cabina pública del local. “Has llamado a Josh Stevens, en este momento no estoy disponible, quizá esté siendo asesinado o asesinando a alguien, cualquiera de las dos opciones es igual de probable. Deja tu mensaje si es importante, y si eres Lay, you can leave a hot message” La cazadora frunció el ceño y en seguida puso los ojos en blanco. Qué imbécil estaba hecho. Resopló y tras colgar volvió a marcar otro número, el de su hermano Adam esta vez. “Este es el buzón de Terminator Jones barra weed lover, deja tu mensaje y te llamaré cuando no esté fumado” De acuerdo, oficialmente iba a asesinar a sus hermanos. Colgó de mala gana y marcó su última opción, quizá era mejor comunicarse directamente con la base militar.–Hey ¿Reynolds? -arrugó la frente y se giró ligeramente para ver a su alrededor, hablando en voz baja –Soy yo, Elisabeth. Stevens. Estoy en Fort Greely, Alaska. Creo que voy a necesitar una mano aquí. No, no estoy sola… Estoy con una reportera. No, es de las nuestras. Me ha salvado la vida.SACRED BLOOD | SEASON TWO

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TITANIUM, PART III

Paige Douglas veía a Elisabeth remover con un palo la madera que ardía en llamas para mantener el fuego vivo, echando de vez en cuando más leña. Ser reportara le había dado ciertas habilidades, podía saber cuando la gente mentía leyéndolo en sus ojos, o cuando escondían algo fuese por la razón que fuese.
Agradecía que se hubiesen detenido para entrar en calor, aunque a medida que se acercaba el amanecer, el frío se hacía más soportable. Siempre había odiado Alaska.
–¿Estás pensando en por qué te capturaron? -preguntó la reportera, encogiendo sus piernas para apoyar las rodillas contra su abdomen y así estar sentada como un ovillo.
Lizzie le devolvió un momento la mirada y acabó negando con la cabeza.
–Estoy pensando en mi familia. En mi hija, concretamente -le echó una mirada de refilón mientras echaba las manos hacia atrás para apoyarlas en la hierba que sobresalía por la escasa nieve. No era de las que hablaban con desconocidos de sus asuntos personales, pero tampoco sabía si calificar a Paige como una desconocida después de haber escapado con su ayuda, directa o indirectamente, de la base del sector cuatro –Tiene 35 meses. La próxima semana es su cumpleaños.
–Entonces tendremos que darnos prisa para llegar a tiempo a.. ¿Dónde has dicho que vives?
–No voy a ir a Senoia -negó, frunciendo los labios –Mi cuñada se la llevó hace dos semanas a Nueva Orleans. Cuando me capturaron iba de camino a buscarla.
–¿Y dónde está su pa…? -en seguida Paige tragó saliva y negó, diciéndole así que no iba a acabar esa pregunta, no era asunto suyo y siempre le pasaba lo mismo; tocaba temas que no debía tocar.
–Mi marido murió, hace ya ocho meses casi. Estamos ella y yo.
–¿No tienes más familia?
–Dos hermanos. Uno más mayor que yo y uno más pequeño. Les conocerás cuando lleguemos a Georgia. Son dos polos opuestos. Josh, que es el mayor, es responsable y se hace respetar. Jones en cambio es todo lo contrario, irresponsable, gañán, y creo que las drogas han acabado de trastornarle -tuvo que sonreír al recordar a su hermano, ladeando después la cabeza para espantar ideas o recuerdos que pudiesen desconcentrarla –Pero es valiente como nadie de todas formas. A su manera.
–¿Los dos se dedican a lo mismo que tu, Walker ranger? -Paige sonrió.
–Más o menos -Lizzie enarcó las cejas. Le había dicho a la reportera que era bióloga, y estaba muy lejos de dedicarse a eso en la actualidad. No era cuestión, no obstante, de decirle que se dedicaba a la cacería de lo sobrenatural, bastante asustada estaba ya. –Bueno -se puso en pie espolsándose los pantalones –Será mejor que sigamos camino, ya nos hemos retrasado bastante.
Elisabeth no podría decir que en unas horas Paige había desarrollado milagrosamente su sentido de la prisa, pero si notaba que no se quedaba tan rezagada como al principio, le seguía bastante bien el paso.
Tras dos horas más de caminata, y aún entre árboles, ascendiendo por una cuesta irregular, Lizzie Stevens se detuvo para mirar a su alrededor. La fauna en ese sitio no era habitual, las altas temperaturas hacían que pocos animales pudiesen sobrevivir en ese ambiente, pero había escuchado algo. No muy lejos. Algo o alguien se acercaba entre los matorrales tintados de blanco.
–Date prisa -apresuró a la reportera estirando el brazo para agarrar el suyo y ayudarla a subir. Una vez arriba se olvidó de ella e inspeccionó los alrededores. Puso el oído, y dejó de respirar incluso para concentrarse solamente en los sonidos ajenos a ella.
–¿Quieres sacarle una foto al paisaje? -preguntó Paige, pasándose una mano por el pelo y después guardando las dos en los bolsillos de su abrigo.
–Calla -exigió en un susurro, extendiendo el brazo hacia ella para darle un leve empujón –Sigue. Rápido, no corras pero tampoco te detengas.
–¿Qué pasa? ¿Nos han encontrado? -obedeciendo la rubia emprendió el caminar nuevamente pero viéndose obligada a mirar hacia atrás gracias a su paranoia. Sacó torpemente su pistola, por si las dudas.
Era imposible que les hubiesen alcanzado en circunstancias normales. Les llevaban cuatro horas de ventaja por lo menos, aunque aquél descanso quizá les había hecho perder un par. Si alguien estaba siguiéndole los pies, quizá no fuese tan humano como Paige imaginaría, o como ella desearía.
Llegaron a un claro blanco, puro, pero apenas un par de halos de luz que emitía el sol de aquél amanecer se reflejaban en el espejo de los charcos de nieve. Fue entonces cuando algo veloz, sigiloso y prácticamente invisible pasó cerca de Elisabeth dejando su huella en ella. El corte fue profundo y horizontal, rompiendo su camiseta pues ella no llevaba abrigo al habérselo ofrecido a la reportera. Llevándose una mano allí, por la impresión o por el dolor, no estaba segura, se dejó caer de rodillas y se ahorró el quejido.
Pero Paige vio aquello, y alarmada corrió hacia ella.
–Lizzie -llamó, dejando las manos en sus hombros –¿Estás…? -vio la sangre y abrió grande los ojos –Oh dios mio. Vale, tranquila. Tranquila Paige -miró a su alrededor, no veía a nadie –Como te has..?
La cazadora fulminó con la mirada a la reportera. No era momento de preguntas, que alzara su arma y apuntara a todo lo que se moviese, maldita sea.
–Look around Paige, damn it -esa desenfundó su arma y aún de rodillas, sosteniendo la pistola con una sola mano apuntó a su alrededor. ¿Qué sería? ¿Supervelocidad? Invisibilidad?
–¿Que mire qué!? -exclamó nerviosa Paige, apuntando como ella hacía. Pero no sabía a qué diablos apuntaba, hasta dónde le habían enseñado los árboles eran inofensivos. Algo había herido a Elisabeth, eso estaba claro.
Ciertas ramas se movieron, y sin saber porqué, Paige apretó el gatillo, teniendo que retroceder un paso por el envión de la bala al salir, nunca había disparado una de esas. Aunque siempre había tenido una en casa. Recuperándose aún de la impresión arrugó la frente, le había dado a algo.. Alguien, ese alguien que se llevaba la mano al cuello y desangrándose caía al suelo sin fuerzas. Un hombre, joven mejor dicho, de unos veinte y tantos parecía, aunque la sangre la estaba poniendo nerviosa.
–Oh jesus christ -soltó atormentada –I killed someone.
Lizzie todavía tenía el ceño fruncido. ¿Era una broma? ¿Le había acertado a un sujeto con supervelocidad a la primera? La suerte del principiante debía ser, de otra forma no se lo podría explicar. Hizo una mueca de dolor y le indicó a Paige que se acercara con el brazo.
–Rezas dos padres nuestros y todo solucionado.. Ayúdame.
–¿De dónde coño ha salido? -bajó el arma y temblorosa ayudó a la cazadora, pasándose su brazo por los hombros para ayudarla a caminar –Hace un momento no estaba ahí.
–Ah, pequeña saltamontes -Lizzie sonrió aunque sin muchas ganas –Cuanto te queda por aprender.
–He estudiado en Harvard, creo que sé sufic—
–Cariño, no voy a decirte por dónde me paso yo a la gente que ha estudiado en Harvard.. Hay que darse prisa, si han enviado a un paciente X significa que saben que estamos en los bosques, estamos cerca de la ciudad.
–¿Aguantarás? -inquirió respecto a su herida, no se veía demasiado bien.
Lizzie contestó con una simple mirada y puso la directa, aligerando el paso. Si seguían caminando con tanta parsimonia no llegarían a Moose Creek ni para el próximo invierno.

Abrió los ojos y sintió mareo al ver que las imágenes se movían, bastante deprisa a decir verdad. El pasaisaje que veía a través de la ventana del coche era nevado. Sintiéndose cansada y adolorida Lizzie apoyó las manos en el apoyabrazos de la puerta para incorporarse y sentarse mejor en el asiento, aún adormilada giró la cabeza encontrándose con que Paige Douglas estaba al volante.
–Paige -susurró, pasándose la mano por la cara y después bajando la mirada a su vientre, llevaba la camiseta rota todavía pero distinguía una gasa cuidando la hemorragia –¿Qué ha pasado? ¿Dónde estamos?
Al escucharla Douglas apartó solo un segundo la mirada de la carretera y se encogió de hombros.
–A unos 50km de Fort Greely -explicó –Perdiste el conocimiento en el bosque, tuve que cargar contigo hasta llegar a Moose Creek.
Un momento, se dijo Lizzie. Fort Greely estaba a casi doscientos kilómetros de Moose.
–¿Y de dónde has sacado el coche?
–Lo he tomado prestado -contestó aprisa, tragando saliva –Ya lo sé, ya lo sé, robar no está bien. Pero no podía decirse que lo he robado, el tío ha entrado en el supermercado del pueblo a comprar y se ha dejado las llaves puestas, no puedo ignorar las señales de Dios.
Elisabeth esbozó una sonrisa e incluso rió por lo bajo, pasándose otra vez la mano por la frente. Le dolía la cabeza, y aunque el coche tenía la calefacción funcionando aún sentía algo de frío.
–Me sorprendes, lo admito. ¿Y de dónde has sacado las..? -se señaló el vientre.
–El sujeto del coche tenía un botiquín en el maletero. Si se infecta no me hago cargo, nunca he cosido a nadie, así que he hecho lo que he podido ¿Como te encuentras?
–Bien -enarcó las cejas. De estar consciente cuando perdía el conocimiento se hubiese imaginado una muerte lenta y dolorosa, pero debía admitir que la reportera se las había ingeniado bastante bien sola –Detengámonos en Fort Greely, tengo que hacer una llamada. ¿Ha habido algún indicio de que nos estén siguiendo?
Paige negó, bostezando.
–Había un par de soldados sospechosos en Moose Creek, pero les di esquinazo. Creo que nos hemos librado de ellos por fin. Tu no te preocupes, descansa, yo conduzco.
La cafetería estaba a revosar, Fort Greely era un pueblo pequeño, más bien una aldea. Según el censo no vivían allí más de quinientos habitantes, lo que las hacía forasteras inescrutables. Todo el mundo se conocía allí, y todos reconocerían dos caras extrañas de un solo vistazo.
Elisabeth se aseguró de que Paige estaba bien pensando qué pedir para comer, y marcó el número de su hermano en la cabina pública del local.
Has llamado a Josh Stevens, en este momento no estoy disponible, quizá esté siendo asesinado o asesinando a alguien, cualquiera de las dos opciones es igual de probable. Deja tu mensaje si es importante, y si eres Lay, you can leave a hot message”
La cazadora frunció el ceño y en seguida puso los ojos en blanco. Qué imbécil estaba hecho. Resopló y tras colgar volvió a marcar otro número, el de su hermano Adam esta vez.
“Este es el buzón de Terminator Jones barra weed lover, deja tu mensaje y te llamaré cuando no esté fumado” De acuerdo, oficialmente iba a asesinar a sus hermanos. Colgó de mala gana y marcó su última opción, quizá era mejor comunicarse directamente con la base militar.
–Hey ¿Reynolds? -arrugó la frente y se giró ligeramente para ver a su alrededor, hablando en voz baja –Soy yo, Elisabeth. Stevens. Estoy en Fort Greely, Alaska. Creo que voy a necesitar una mano aquí. No, no estoy sola… Estoy con
una reportera. No, es de las nuestras. Me ha salvado la vida.

SACRED BLOOD | SEASON TWO


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TITANIUM, PART II (Click aquí para leer primera parte)North Pole, Alaska. Frontera de los Estados UnidosReventó el cristal del bar en un certero disparo y avanzó para apartar los cristales que quedaban con la bota, adentrándose. Alumbró con la linterna el interior, adivinando varios vasos rotos, algunos intactos y con contenido. La barra había acumulado polvo. En cuanto deslumbró un teléfono público se acercó a él, dejando a Paige Douglas atrás, quién abrazándose a si misma aún miraba a su alrededor.–¿Dónde está todo el mundo?Lizzie le echó una mirada mientras descolgaba el teléfono y marcaba el número de su hermano, dándose cuenta de que no había linea. Frunció el ceño y colgó malhumorada, prácticamente cargándose el aparato.–No hay linea -avisó a Paige, alumbrando otra vez el local.–Ni luz -añadió la otra, pulsando varias veces el interruptor. Ninguna bombilla respondía –¿Qué es este sitio? Parece un pueblo fantasma. No hay luz, no hay linea… La cazadora se tomó unos segundos para pensar en alguna teoría, parpadeando solamente lo necesario. En la base del sector cuatro si tenían luz, quizá habían desviado todos los fusibles a la base subterránea y habían dejado la pequeña ciudad sin iluminación. Lo mismo con las lineas de teléfono. ¿Pero y la gente? ¿Qué habían hecho con la gente? Porque hasta dónde sabía, y a pesar de ser un lugar sumamente frío, North Pole como había descubierto se encontraban, no era una ciudad fantasma. Respiró profundamente y saltó al otro lado de la barra, comenzando a abrir todos los frigoríficos en busca de bebida y comida, estaba hambrienta, y cuando tenía hambre no solía pensar con claridad.–¿Qué vamos a hacer? -Paige se acercó a la barra, inclinándose sobre la misma para poder ver a su compañera, enarcando apenas las cejas –¿Tienes algún plan ahora?–Por el momento reunir provisiones, buscar mantas y alejarnos tanto como podamos de la base, no tardarán en darse cuenta de que hemos escapado y aunque estemos armadas, no tengo más munición. –He visto coches afuera -comentó –¿Por qué no cogemos uno y nos largamos?–Porque no sabemos quién hay en la frontera de la ciudad, y un coche llama demasiado la atención -dejó varias botellas de licores, refrescos y agua sobre la barra y se dio la vuelta para tomar tantas bolsas de fritos como pudiese, no era la comida más sana y de hecho, detestaba comerla, pero a caballo regalado no se le miraba los dientes, ni las patas.–¿Pretendes que crucemos toda la ciudad andando? Tu estás pirada -se giró apoyando los codos en la superficie que tenía detrás. La cazadora no contestó, solamente se metió en el almacén de atrás y encontrando una bolsa negra metió todo lo que pensó les seriviría dentro, incluida una linterna que halló en uno de los cajones. –Deberíamos informar a alguna autoridad sobre lo que está pasando aquí -sugirió Paige –A la CIA, al FBI, a la policía local.. A quién sea, pero la gente de este sitio tiene que estar en alguna parte.La bolsa cayó sobre la barra bruscamente y eso hizo que la joven Douglas se girara rápidamente habiéndose llevado un buen susto, no tan fuerte como el que sintió al ver la seria y fría mirada de la chica.–La gente de este sitio está muerta. Así que olvídate de hacer amigos -al darse cuenta de que quizá había sido demasiado dura con la reportera frunció el ceño y suspiró –Escucha. Paige… Estamos solas ahora, y desde hace tiempo. ¿Lo entiendes? No hay autoridades a las que recurrir, no hay refuerzos, there’s no such thing as FBI or CIA, they’re all against us so -le tendió la bolsa para que la cogiese –You better believe in me.No había sido su mejor época, a decir verdad. Paige Douglas siempre se había dedicado a la investigación, una investigación sincera y profunda, nada de falsas noticias que solo dijesen lo que la gente quería escuchar. La verdad era algo muy relativo pero de una forma o de otra, enmascarada o clara, estaba ahí afuera. Sabía que había infiltrados en el gobierno, en todas partes, pero también quería creer que habían personas capaces de hacer lo correcto y no dejarse arrastrar por el lado oscuro. Bueno, darse cuenta de que no era así le caía como un balde de agua fría en la cabeza, y con el frío que ya hacía allí, no sentaba ni un poco bien.Tragando saliva asintió y al ver a Elisabeth desplegar un mapa arrugado sobre la barra, uno que nadie parecía haber usado bastante preguntó.–¿Qué estás buscando?–Todas las tabernas y oficinas de censo en las poblaciones de Alaska están obligadas a tener mapas actualizados para cuando vienen tempestades árticas y tienen que desalojar las ciudades o dar salida a los turistas. Por lo que he visto este es un bar de montañeros, Norh pole está cerca de la montaña, solo hay que saber hacia qué dirección dirigirnos. Estaremos más seguras entre los árboles.–¿Puedo discrepar? -Paige sintió un nudo en el estómago -¿Eres consciente de que estos sitios están plagados de lobos, no? Y de que si ya hace frío aquí, ahí afuera vamos a congelarnos y no tendremos a efectivos como Walt Disney que vengan a sacarnos de nuestra cáscara de hielo.–No tienes demasiado desarrollado el sentido de la supervivencia -Lizzie puso los ojos en blanco –Sobreviviremos, avanzaremos por el bosque -indicó señalando en el mapa –Hacia la próxima ciudad, Moose Creek. Tengo la teoría de que el sector cuatro ha aniquilado a la población de este sitio y de que nadie ha sido informado porque el gobierno les cubre. Dios sabrá todo lo que habrán llegado a hacer y de lo poco que nos habremos enterado -doblando el mapa, Lizzie se lo guardó en el interior de la chaqueta de aquél uniforme –Avanzaremos hacia el norte y comprobaremos que no haya linea en otro local, nos desviaremos por la calle principal hacia el bosque. ¿Alguna pregunta?–¿Antes eras un hombre? -preguntó con naturalidad.–¿Perdona? -Lizzie enarcó las cejas, desconcertada.–Hablas como si fueras un comandante y como si tuvieras pelotas -se explicó.Elisabeth contestó rodando los ojos y saltando de nuevo la barra para caer al otro lado, con arma en mano se dirigió a la puerta que no necesitó abrir para salir, pasando por el ventanal de la misma que había roto.–Solo era una pregunta -resopló Paige, siguiéndola. Dándose cuenta de que con la tontería, la muy mandona le había encasquetado la bolsa a ella. Pesaba. Mucho sentido de la supervivencia pero nada de llevar bolsas. Honestamente, a Elisabeth lo que menos le preocupaba, aunque en cierta medida no les subestimaba, eran los soldados del sector cuatro. Lo que realmente le ponía la piel de gallina y la obligaba a mantenerse firme y no bajar la guardia ni un solo segundo, era saber que esos bastardos contaban con personas que estaban ya muy lejos de ser humanas. Manipuladas a su antojo, con habilidades peligrosas y agresivas, dispuestos a cumplir sin rechistar la órden de cazarlas vivas, o muertas de ser necesario.No obstante ella dudaba que la quisieran muerta, no se habían molestado tanto en capturarla por nada. Nadie, ni si quiera esa división secreta del gobierno, se molestaba en armar tanto escándalo por “nada”. No encontraron respuestas en el segundo local en el que se adentraron. Ninguna novedad. No había linea, tampoco corriente eléctrica. Localizar luces a lo lejos asomando por entre la niebla hizo sin embargo que Lizzie apurase en el caminar hacia el bosque a la reportera, porque eran luces de vehículos, todoterrenos preparados para la nieve. Había sido cuestión de tiempo que notasen su huida y en menos de lo que le hubiese gustado, se habían percatado de su ausencia. La ventaja que les llevaban sin embargo les ayudó a no ser vistas y a llegar a tiempo al perímetro del bosque, correr no era el deporte favorito de ninguna de las dos, y mucho más fastidiaba hacerlo con ese aire gélido que tenían que respirar. Era imposible recuperar energías, el frío calaba dentro de sus pulmones y el dolor de los pies, congelados, ralentizaba inevitablemente su avanzar por entre los árboles.–¿Cuando podremos detenernos? -preguntó Paige notándose su voz seca, y la tos que profería no le gustó demasiado a la cazadora.–Un poco más, estamos a diez kilómetros de Moose Creek. Con suerte llegaremos antes de que amanezca.–Oh you kidding me, screw you -Paige se dejó caer sobre la nieve y los hierbajos helados. No podía más, era reportera, no montañista. Un ser humano. Era imposible cruzar aquél bosque, apenas podía sentir los dedos de los pies, ni las manos. Tampoco la nariz.En cuanto Lizzie la vio, regresó sobre sus pasos y se agachó en frente suyo.–Paige, tenemos que seguir. Si nos detenemos moriremos congeladas, mientras nos movamos seguiremos bombeando sangre y nuestro cuerpo se mantendrá caliente por dentro. Si no hacemos señal de esfuerzo, poco a poco nuestros músculos se debilitarán, los tendones se nos romperán y moriremos acurrucadas en postura fetal, declarándonos cena oficial de los lobos de alrededores -mientras se explicaba intentaba ubicarse en el mapa que había vuelto a desplegar.La reportera enarcó las cejas. ¿Se suponía que tenía que animarse ahora? Temblando, soltó una sarcástica carcajada y se abrazó aún más fuerte, intentando darse calor, pero hasta la ropa tenía ya escarcha.–No eres miss aliento, desde luego.La cazadora la miró con cierta lástima y echando un vistazo a su alrededor, solo encontrando árboles y pintura blanca en manchas ocultando algunos arbustos volvió a mirarla a ella. En su época como bióloga de la organización de cazadores trabajó durante unos años en un laboratorio de Alaska, y en una de sus investigaciones se perdió en los densos y fríos bosques. Sobrevivió por mera suerte, pero estaba segura de que su cuerpo se había acostumbrado algo más a esa temperatura y de que la soportaría mejor que esa muchacha.Se sacó el abrigo negro y se lo puso por encima a ella.–Ponte la capucha y pisa fuerte. No le des tiempo a tus pies a relajarse, lo lograremos. Confía en mi.Ante la mirada atónita pero agradecida de Paige Elisabeth volvió a ponerse en pie y avanzó unos pasos para decidir si seguirían en linea recta o en algún momento deberían desviarse. Odiaba los mapas como aquél, no eran de relieve, era difícil ubicarse. Sintió a su espalda como la reportera se levantaba y torciendo una sonrisa, aguantándose el temblor en los labios por el ambiente glacial emprendió nuevamente el paso, teniendo que esforzarse más de lo normal en avanzar cuando las botas se hundían en la nieve. Quizá pudiese tomárselo con algo más de calma y, de encontrar un lugar cubierto en el que poder encender una pequeña hoguera, darle un tiempo muerto a su organismo.SACRED BLOOD | SEASON TWOContacto: thextruthisoutxthere@hotmail.com (Paige Douglas)

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TITANIUM, PART II (Click aquí para leer primera parte)

North Pole, Alaska. Frontera de los Estados Unidos

Reventó el cristal del bar en un certero disparo y avanzó para apartar los cristales que quedaban con la bota, adentrándose. Alumbró con la linterna el interior, adivinando varios vasos rotos, algunos intactos y con contenido. La barra había acumulado polvo. En cuanto deslumbró un teléfono público se acercó a él, dejando a Paige Douglas atrás, quién abrazándose a si misma aún miraba a su alrededor.
–¿Dónde está todo el mundo?
Lizzie le echó una mirada mientras descolgaba el teléfono y marcaba el número de su hermano, dándose cuenta de que no había linea. Frunció el ceño y colgó malhumorada, prácticamente cargándose el aparato.
–No hay linea -avisó a Paige, alumbrando otra vez el local.
–Ni luz -añadió la otra, pulsando varias veces el interruptor. Ninguna bombilla respondía –¿Qué es este sitio? Parece un pueblo fantasma. No hay luz, no hay linea…
La cazadora se tomó unos segundos para pensar en alguna teoría, parpadeando solamente lo necesario. En la base del sector cuatro si tenían luz, quizá habían desviado todos los fusibles a la base subterránea y habían dejado la pequeña ciudad sin iluminación. Lo mismo con las lineas de teléfono. ¿Pero y la gente? ¿Qué habían hecho con la gente? Porque hasta dónde sabía, y a pesar de ser un lugar sumamente frío, North Pole como había descubierto se encontraban, no era una ciudad fantasma. Respiró profundamente y saltó al otro lado de la barra, comenzando a abrir todos los frigoríficos en busca de bebida y comida, estaba hambrienta, y cuando tenía hambre no solía pensar con claridad.
–¿Qué vamos a hacer? -Paige se acercó a la barra, inclinándose sobre la misma para poder ver a su compañera, enarcando apenas las cejas –¿Tienes algún plan ahora?
–Por el momento reunir provisiones, buscar mantas y alejarnos tanto como podamos de la base, no tardarán en darse cuenta de que hemos escapado y aunque estemos armadas, no tengo más munición.
–He visto coches afuera -comentó –¿Por qué no cogemos uno y nos largamos?
–Porque no sabemos quién hay en la frontera de la ciudad, y un coche llama demasiado la atención -dejó varias botellas de licores, refrescos y agua sobre la barra y se dio la vuelta para tomar tantas bolsas de fritos como pudiese, no era la comida más sana y de hecho, detestaba comerla, pero a caballo regalado no se le miraba los dientes, ni las patas.
–¿Pretendes que crucemos toda la ciudad andando? Tu estás pirada -se giró apoyando los codos en la superficie que tenía detrás.
La cazadora no contestó, solamente se metió en el almacén de atrás y encontrando una bolsa negra metió todo lo que pensó les seriviría dentro, incluida una linterna que halló en uno de los cajones.
–Deberíamos informar a alguna autoridad sobre lo que está pasando aquí -sugirió Paige –A la CIA, al FBI, a la policía local.. A quién sea, pero la gente de este sitio tiene que estar en alguna parte.
La bolsa cayó sobre la barra bruscamente y eso hizo que la joven Douglas se girara rápidamente habiéndose llevado un buen susto, no tan fuerte como el que sintió al ver la seria y fría mirada de la chica.
–La gente de este sitio está muerta. Así que olvídate de hacer amigos -al darse cuenta de que quizá había sido demasiado dura con la reportera frunció el ceño y suspiró –Escucha. Paige… Estamos solas ahora, y desde hace tiempo. ¿Lo entiendes? No hay autoridades a las que recurrir, no hay refuerzos, there’s no such thing as FBI or CIA, they’re all against us so -le tendió la bolsa para que la cogiese –You better believe in me.
No había sido su mejor época, a decir verdad. Paige Douglas siempre se había dedicado a la investigación, una investigación sincera y profunda, nada de falsas noticias que solo dijesen lo que la gente quería escuchar. La verdad era algo muy relativo pero de una forma o de otra, enmascarada o clara, estaba ahí afuera. Sabía que había infiltrados en el gobierno, en todas partes, pero también quería creer que habían personas capaces de hacer lo correcto y no dejarse arrastrar por el lado oscuro. Bueno, darse cuenta de que no era así le caía como un balde de agua fría en la cabeza, y con el frío que ya hacía allí, no sentaba ni un poco bien.
Tragando saliva asintió y al ver a Elisabeth desplegar un mapa arrugado sobre la barra, uno que nadie parecía haber usado bastante preguntó.
–¿Qué estás buscando?
–Todas las tabernas y oficinas de censo en las poblaciones de Alaska están obligadas a tener mapas actualizados para cuando vienen tempestades árticas y tienen que desalojar las ciudades o dar salida a los turistas. Por lo que he visto este es un bar de montañeros, Norh pole está cerca de la montaña, solo hay que saber hacia qué dirección dirigirnos. Estaremos más seguras entre los árboles.
–¿Puedo discrepar? -Paige sintió un nudo en el estómago -¿Eres consciente de que estos sitios están plagados de lobos, no? Y de que si ya hace frío aquí, ahí afuera vamos a congelarnos y no tendremos a efectivos como Walt Disney que vengan a sacarnos de nuestra cáscara de hielo.
–No tienes demasiado desarrollado el sentido de la supervivencia -Lizzie puso los ojos en blanco –Sobreviviremos, avanzaremos por el bosque -indicó señalando en el mapa –Hacia la próxima ciudad, Moose Creek. Tengo la teoría de que el sector cuatro ha aniquilado a la población de este sitio y de que nadie ha sido informado porque el gobierno les cubre. Dios sabrá todo lo que habrán llegado a hacer y de lo poco que nos habremos enterado -doblando el mapa, Lizzie se lo guardó en el interior de la chaqueta de aquél uniforme –Avanzaremos hacia el norte y comprobaremos que no haya linea en otro local, nos desviaremos por la calle principal hacia el bosque. ¿Alguna pregunta?
–¿Antes eras un hombre? -preguntó con naturalidad.
–¿Perdona? -Lizzie enarcó las cejas, desconcertada.
–Hablas como si fueras un comandante y como si tuvieras pelotas -se explicó.
Elisabeth contestó rodando los ojos y saltando de nuevo la barra para caer al otro lado, con arma en mano se dirigió a la puerta que no necesitó abrir para salir, pasando por el ventanal de la misma que había roto.
–Solo era una pregunta -resopló Paige, siguiéndola. Dándose cuenta de que con la tontería, la muy mandona le había encasquetado la bolsa a ella. Pesaba. Mucho sentido de la supervivencia pero nada de llevar bolsas.
Honestamente, a Elisabeth lo que menos le preocupaba, aunque en cierta medida no les subestimaba, eran los soldados del sector cuatro. Lo que realmente le ponía la piel de gallina y la obligaba a mantenerse firme y no bajar la guardia ni un solo segundo, era saber que esos bastardos contaban con personas que estaban ya muy lejos de ser humanas. Manipuladas a su antojo, con habilidades peligrosas y agresivas, dispuestos a cumplir sin rechistar la órden de cazarlas vivas, o muertas de ser necesario.
No obstante ella dudaba que la quisieran muerta, no se habían molestado tanto en capturarla por nada. Nadie, ni si quiera esa división secreta del gobierno, se molestaba en armar tanto escándalo por “nada”.
No encontraron respuestas en el segundo local en el que se adentraron. Ninguna novedad. No había linea, tampoco corriente eléctrica. Localizar luces a lo lejos asomando por entre la niebla hizo sin embargo que Lizzie apurase en el caminar hacia el bosque a la reportera, porque eran luces de vehículos, todoterrenos preparados para la nieve. Había sido cuestión de tiempo que notasen su huida y en menos de lo que le hubiese gustado, se habían percatado de su ausencia.
La ventaja que les llevaban sin embargo les ayudó a no ser vistas y a llegar a tiempo al perímetro del bosque, correr no era el deporte favorito de ninguna de las dos, y mucho más fastidiaba hacerlo con ese aire gélido que tenían que respirar. Era imposible recuperar energías, el frío calaba dentro de sus pulmones y el dolor de los pies, congelados, ralentizaba inevitablemente su avanzar por entre los árboles.
–¿Cuando podremos detenernos? -preguntó Paige notándose su voz seca, y la tos que profería no le gustó demasiado a la cazadora.
–Un poco más, estamos a diez kilómetros de Moose Creek. Con suerte llegaremos antes de que amanezca.
–Oh you kidding me, screw you -Paige se dejó caer sobre la nieve y los hierbajos helados. No podía más, era reportera, no montañista. Un ser humano. Era imposible cruzar aquél bosque, apenas podía sentir los dedos de los pies, ni las manos. Tampoco la nariz.
En cuanto Lizzie la vio, regresó sobre sus pasos y se agachó en frente suyo.
–Paige, tenemos que seguir. Si nos detenemos moriremos congeladas, mientras nos movamos seguiremos bombeando sangre y nuestro cuerpo se mantendrá caliente por dentro. Si no hacemos señal de esfuerzo, poco a poco nuestros músculos se debilitarán, los tendones se nos romperán y moriremos acurrucadas en postura fetal, declarándonos cena oficial de los lobos de alrededores -mientras se explicaba intentaba ubicarse en el mapa que había vuelto a desplegar.
La reportera enarcó las cejas. ¿Se suponía que tenía que animarse ahora? Temblando, soltó una sarcástica carcajada y se abrazó aún más fuerte, intentando darse calor, pero hasta la ropa tenía ya escarcha.
–No eres miss aliento, desde luego.
La cazadora la miró con cierta lástima y echando un vistazo a su alrededor, solo encontrando árboles y pintura blanca en manchas ocultando algunos arbustos volvió a mirarla a ella. En su época como bióloga de la organización de cazadores trabajó durante unos años en un laboratorio de Alaska, y en una de sus investigaciones se perdió en los densos y fríos bosques. Sobrevivió por mera suerte, pero estaba segura de que su cuerpo se había acostumbrado algo más a esa temperatura y de que la soportaría mejor que esa muchacha.
Se sacó el abrigo negro y se lo puso por encima a ella.
–Ponte la capucha y pisa fuerte. No le des tiempo a tus pies a relajarse, lo lograremos. Confía en mi.
Ante la mirada atónita pero agradecida de Paige Elisabeth volvió a ponerse en pie y avanzó unos pasos para decidir si seguirían en linea recta o en algún momento deberían desviarse. Odiaba los mapas como aquél, no eran de relieve, era difícil ubicarse.
Sintió a su espalda como la reportera se levantaba y torciendo una sonrisa, aguantándose el temblor en los labios por el ambiente glacial emprendió nuevamente el paso, teniendo que esforzarse más de lo normal en avanzar cuando las botas se hundían en la nieve. Quizá pudiese tomárselo con algo más de calma y, de encontrar un lugar cubierto en el que poder encender una pequeña hoguera, darle un tiempo muerto a su organismo.

SACRED BLOOD | SEASON TWO
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